sábado, 16 de agosto de 2014

Cenicienta dejó de perder zapatos.

Hace poco tuve la oportunidad –gracias a un largo viaje hacia el sur de Andalucía– de conversar sobre el desamor con un público muy importante para mi: MIS PADRES.
Es curioso; por un momento no me di cuenta que mis padres pudieron haber tenido algún desamor antes de conocerse pero lo que no me esperaba era que ellos mismos tuvieron un desamor.Creo que no me he explicado.Haber si así me entendéis: MI PADRE SE LIÓ CON OTRA ESTANDO CON MI MADRE. Increible verdad? había estado odiando a Jason durante semanas y mi padre hizo lo mismo en su tiempo...pero...¿PORQUÉ VOLVIERON? ¿YO TAMBIÉN PODRÍA VOLVER CON JASON EN UN TIEMPO? (mi cabeza en esos momentos iba a estallar). 
Hay palabras, como “desamor” o “suicidio”, que no conviene recordar. Un porcentaje muy elevado de familiares de personas que se suicidaron no hace nunca ninguna referencia al modo elegido para terminar con la vida del familiar afectado. Así y todo del suicidio empezamos a saber alguna cosa, como la progresiva familiaridad del suicida potencial con el mundo de la violencia. Del desamor, en cambio, apenas se sabe nada. Por eso es bueno empezar recordando que –en una perspectiva algo más geológica del tiempo de lo que es habitual– la irrupción del desamor no tiene por qué ser siempre el anuncio de una mala nueva. En realidad, en la mitad de los casos, la finalización de un amor equivocado abre la perspectiva nada despreciable de no tener que sufrir durante otros treinta años o más la convivencia con alguien que no te quería o había agotado su capacidad de amar. No todo son pérdidas y sufrimiento acumulado en lo referente a este tema.

¿Cuáles son los remedios que están al alcance de cualquiera? La gran mayoría de los neurocientíficos recomienda, por supuesto, no encerrarse en sí mismo ahondando en el dolor de la extinción de un gran amor, sino sustituir esa emoción negativa por otra de igual intensidad pero de signo contrario. En pocas palabras: volverse a enamorar cuanto antes, mejor. Ahora bien, se trata de una solución muy imperfecta por la sencilla razón de que las personas sumidas en un gran desamor no están en condiciones ni tienen ganas de volver a enamorarse de inmediato, a no ser que cuenten con una ayuda muy especial.
¿Cuál es esa ayuda? Sencillamente, cambiar de entorno, de costumbres, de idioma si es preciso, de universo. Lo último que se debe hacer es continuar asomando la cabeza en las discotecas de siempre, seguir viendo la misma película que antes se leía con la pareja o ir a los mismos cines o a ver idénticos escaparates que antaño.
Lo que la ciencia nos está descubriendo es que frente al desamor es imprescindible desaprender; una competencia de la que nunca se nos habló en la escuela o en la familia: el desaprendizaje. Lo importante siempre fue aprender y aprender; aunque fueran tonterías. Pero me gustaría saber a cuántos de mis lectores se les enseñó a desaprender. ¿Cuántos han conseguido por sus propios medios desaprender algo que no convenía, en absoluto, conservar en la memoria?
También es cierto que no hay mal que por bien no venga. Los individuos y países que más veces y más intensamente deben soportar las tristezas y el desamparo del desamor son también, obviamente, aquellos individuos y países con mayor capacidad emocional para amar. Solo puede producirse el desamor donde hubo antes mucho amor.
¿ENTONCES QUE DEBO HACER?, 
¿OLVIDARME DE JASON Y ESTAR ABIERTA A ALGUIEN MÁS O INTENTAR OLVIDAR LO QUE ME HA HECHO Y DARLE OTRA OPORTUNIDAD?.Sin olvidar, claro está, ¡QUE JASON ME DEJÓ A MÍ!

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